lunes, 4 de marzo de 2013

Éste es mi abismo.

Peor que la poesía que de cerca era prosa, 
ni las lunas que sólo sabían acompañar con el cuerpo. 
Lo mejor dicho, lo único y poco, era quedarse quieto (también con el cuerpo) 
esperando a que el frío nos arrancara la piel de un lengüetazo y que nos dejara ser él, 
que nos dejara ser al menos alguien durante la espera.



Sabíamos que éramos personas sustitutas, nos queríamos como la luna que abandona,
porque con el alma sólo sabíamos sangrar y herir. Y nunca dejamos de hacerlo. Igual que llegaban las noticias de nuestro abandono que avanzaba en silencio, como sólo los más traidores hacen, sabíamos que estaríamos fuera de juego para cuando, como siempre tarde, nos diésemos cuenta. Entonces no importaría el lado del que estábamos, no importaría si habíamos sido buenos o malos. Los juicios sólo se hacen en vida. Lo sabíamos. Fuimos malos. Y tampoco fue para tanto.


2 comentarios:

  1. porque con el alma sólo sabíamos sangrar y herir

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  2. Fuimos malos. Y tampoco fue para tanto. (chicamalaa;)

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¿Por qué no escribes algo? ¿Es que te ha comido la lengua el gato?